domingo, 23 de septiembre de 2007

Piedras Rojas

" Cada segundo parece derrumbarte y tú no pareces estar involucrada con ello.
Sabes que no volverá, y que el tiempo ya es imposible de recuperar.
Quédate ahí, siéntate y pide que te presten atención
llora, grita, ahógate, sabes que esa es la forma de convencer.

Quítate la máscara, deja de esconder
que tienes miedo a perder

En qué te has convertido que ya no puedes controlarte,
tus ojos tornazules divagan en algún punto fijo
y no logras esbozar alguna leve sonrisa,
estás sumida en una gran pena, en una lucha contra ti misma.


Martín de la Cruz "

Un prado verdoso y el olor a lluvia característico de las zonas australes. Viento que sopla con su gélido aliento y recuerda a la soledad.

Ella se encontraba sentada en una pequeña roca leyendo este poema, sin quererlo se sentía disminuida por este trozo que le había llegado directo al corazón. Suele pensar a menudo acerca de su situación, está tan sola en el mundo y las penas mas grandes la han marcado. A esta hora, seguramente su tía que cuidaba de ella durante aquél verano debía estar amasando el pan y cuidado de sus pequeños hijos.

Una hora, dos horas, tres... el tiempo corre y ella sólo se permite pensar y dibujar. Eso le gusta mucho. Su madre era artista. Su padre era médico y tenía una hermana menor, aunque ellos seguramente disfrutaban del silencio y la armonía en alguna parte más lejana que ella debería conocer a mayor edad, aunque deseaba llegar pronto al mismo lugar para poder estar con ellos que debían haber partido hace ya cuatro años. Solía dibujar con constancia basada en su imaginación como sería el lugar nuevo que sus padres y su hermana conocían antes que ella. A sus 9 años ella estaría jugando en la casa de su amiga mientras su familia iba a comprar en auto. Ella no tuvo tiempo de decir adiós.

Sonó, como de costu,bre la campanita y los gritos de su tía a la lejanía que avisaban que era la hora del Té. Ese día no tenía tanta hambre, por lo que decidió darse una vuelta al lago antes de volver a casa. La acompañaba un pequeño morral campestre, sus útiles de dibujo que le había dejado su madre y el pequeño libro de poemas de Martín de la Cruz que le gustaba a su padre. Caminó por la orilla mojando sus zapatos y luego se paró en una piedra. Divisó su reflejo en el agua, se sonrió y volvió a casa. Mañana sería su cumpleaños número 14.

En casa de su tía el pan calentito y crujiente se endureció, el chocolate caliente se enfrió, sus primos pequeños dormían y su tía era socorrida por sus vecinos. Un cuaderno con dibujos, un libro con poemas y una mochila quedaron dispersos en la orilla del lago, una piedra con regada de rojo se acercaba a la cabeza de la niña.

- Se debe haber tropezado - se escuchaba entre el murmullo de la gente.

Un pueblo entero se paralizó la tarde del 7 de Mayo.

Ella se encontraba con su familia, el lugar era tan bonito como ella pensaba. No existían las diferencias, ni el frio. Y ya no estaba sola, estaba feliz.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Es increible como el segundo de maldicion causo en mi borrar todo el recuerdo de la preciosa tarde que tuve.

No se cuales puedan ser las teorias acerca de la vida que hablamos el otro dia con mis compañeras, pero en esa teoria que habla que cada vida que tenemos nos sirve para pasar un nivel y por eso tenemos que pasar cosas dificiles, no se en que va conmigo.

No digo tener la vida mas dificil del mundo, de hecho es tan pequeño todo que soy una quejumbrosa, pero no entiendo por que debo soportar todo esto. Quiero desaparecer en este mismo momento para todo el mundo, soy una carga pesada, me odio tanto...

De verdad soy la mas imbecil del mundo